Archivo de la categoría: Curiosidades

La corrupción también genera pobreza.

Publicado: yosoypyme.net

Por: Martin Vargas, Cinvermex

¿Cuál es el camino del desarrollo?

La corrupción genera pobreza, y el que una nación sea más corrupta que otra “tiene que ver con la cultura económica de la sociedad, hasta qué punto la gente cree que corromperse es el tipo de conducta que uno debe tener”. Lee el resto de esta entrada

El fracaso inspira a los ganadores

La integración, ¿es un problema resuelto?

Por Andrea Villalobos.

Publicado: hacerfamilia.cl

integracionExisten establecimientos educacionales que cuentan con programas de integración para niños con algún tipo de discapacidad intelectual. Pero, ¿son efectivos? ¿cuándo se habla de una integración adecuada?

“Cuando tenían dictado, al resto de los niños se les exigía 15 palabras y el profesor escogía las tres más fáciles para que Felipe se aprendiera esas”, recuerda Magdalena Cruzat, directora de la Fundación Chilena para el Síndrome de Down Complementa y madre de Felipe Alessandri (23), quien tiene Síndrome de Down. En este caso, el profesor se adecuó a las capacidades del niño. “Hay que tener súper claro qué se espera del colegio. Es perfectamente legítimo que trate al niño como uno más, que se le exija normas de conducta y lo haga obedecer, pero el niño tiene que despertar sus conocimientos, a su ritmo y nivel”, explica Magdalena. Lee el resto de esta entrada

No hay nada peor que parecer perfecto.

Publicado: http://www.franciscoalcaide.com

Rosa García, Presidenta de Siemens

Disfruté mucho el otro día escuchando a Rosa García (@rosagarciatwitt), Presidenta de Siemens, en TED Moncloa (@tedxmoncloa).

Rosa García escribió el prólogo de mi primer libro en solitario, y luego tuve la ocasión de entrevistarla cuando era Presidenta de Microsoft en su sede. Aquella entrevista se tituló: Rosa García, el liderazgo por afecto. También en mi libro Fast Good Management aparece citada en varias ocasiones, concretamente en el Capítulo 6 (Creatividad: Lo que te hace diferente, te hace único) y el Capítulo 23 (Pragmatismo: Cuidado con los itis).

Decía Tagore que «cuando se habla desde el corazón, se llega al corazón de los demás». Y Lee el resto de esta entrada

El amor de los padres potencia el desarrollo cerebral infantil.

Por Rocío Mayoral

Publicado: El Confidencial.

La ciencia acaba de confirmar algo: El amor de los padres es fundamental en la vida de un niño. Bueno. Eso ya lo sabíamos, pensarán algunos.

Seguramente tengan razón. Pero la investigación acaba de ofrecernos pruebas concluyentes de que los efectos de ese amor son mucho más importantes de lo que jamás hubiésemos podido imaginar.

Acabamos de conocer que los niños que en sus primeros años de vida tienen la suerte de contar con el amor explícito de sus padresmuestran mejor desarrollo cerebral. Poseen más estabilidad afectiva y menos síntomas de depresión que otros que no tuvieron su cariño  durante este periodo tan crucial.  Lee el resto de esta entrada

Se hizo la luz en Mali

De David García.

Publicado: Yorokobu

En las comunidades rurales del oeste de Mali, la oscuridad llegaba con la puesta de sol. Con un poco de suerte, si había luna, podían seguir con las actividades pendientes en un extraño ciclo de sueño y vigilia que les hace seguir activos durante partes de la noche. Ahora han conseguido desarrollar Foroba Yelen, un proyecto mediante el cual tienen lámparas en torno a las cuales organizan actividades lúdicas, laborales y sociales.

El arquitecto italiano Matteo Ferroni viajaba habitualmente a Mali. Allí observó que al final del día venía la noche lo cual, más allá de obvio, no le pareció reseñable. Sin embargo, observando que los habitantes de las comunidades rurales que visitaba seguían, durante la noche, haciendo cosas en ciclos intermitentes de en los que dormían y despertaban. En ese escenario, la carencia de luz sí suponía un problema. Solo las noches con luna eran aprovechables. Hasta que apareció Matteo y se le encendió la bombilla. Literalmente.

Ferroni ha creado un sistema de iluminación colectivo, móvil y reciclado basado en un estudio antropológico realizado en las comunidades rurales de Mali. El arquitecto comenzó la investigación junto a sus estudiantes en la Biblioteca Nacional de Bamako y en los pueblos más cercanos a la capital del país. No tardó mucho en ampliar la actividad a aldeas más lejanas, donde otros colectivos de voluntarios como JICA, de Japón, o los Cuerpos de Paz desarrollaban su labor.

“Cuando hice el primer prototipo y lo compartí con las mujeres locales, casi la totalidad de las 72 aldeas de la comunidad se interesaron por esta luz”, explica el propio Ferroni. Así nació la Fundación eLand, una institución que “une activismo e investigación” y que trabaja junto a Nadlec Lighting, una empresa italiana que les aporta la parte tecnológica, la comunidad rural de Cinzana y el colectivo de mujeres Tassidoni. “Con el tiempo hemos establecido un consejo de asesores formado por europeos y malienses para ayudar en las investigaciones”, explica el propio Ferroni.

Foroba Yelen, que se hace a partir de restos de bicicletas inservibles y tiene la característica de que puede ser llevado de un sitio ha otro, ha conseguido adaptarse a las peculiaridades sociales propias de la comunidad de habitantes de la zona. No se trataba de crear luz para ser situada en farolas en las calles o cualquier otro punto estático sino que la idea era que estas luces fueran el foco, nunca mejor dicho, de actividades sociales específicas. “Las luces eran enviadas a colectivos de mujeres. Desde ese momento, eran ellas las que comenzaban a idear posibles usos para el invento”, dice el arquitecto.

La lámpara se utiliza principalmente para actividades que puedan generar ingresos para las mujeres que trabajan bajo su luz. Con esos ingresos invierten en mejoras sanitarias, educativas o de cualquier otra índole que repercuten directamente en beneficio de su comunidad. “También son usadas con frecuencia en bodas o funerales”, señala Ferroni, por lo que estas lámparas adoptan un acusado rol social. “La idea era que fuesen una herramienta ‘antropológica’, una tecnología que entra en las vidas de los habitantes y los modifica lentamente”, cuenta el arquitecto.

Además de a las mujeres de las aldeas, que es donde han centrado el esfuerzo integrador, han implicado también a las niños animándolos a portar con las luces. “Aquí, ayudan a sus madres con cualquier tarea”. También a los trabajadores de aluminio y otras tareas que les ayudan a construir cada lámpara.

Una colaboración con el Departamento de Antropología Cultural de la Universitat Autonoma de Barcelona les está ayudando a medir el impacto en las comunidades donde han centrado los esfuerzos. Además, ya le han llegado solicitudes de Benin, Burkina Faso, Ghana, Senegal o Costa de Marfil. “Cada africano que conoce esta luz comprende perfectamente lo que significa para África”, señala. “El empoderamiento social para por los instrumentos colectivos. Hemos creado una herramienta que dista mucho de ser un bien personal o algo público como una farola. La utilizan para actividades y propósitos comunes”.

El proyecto comenzó con la financiación directa del propio Ferroni a través de la Fundación eLand. Poco después se sumó Nadlec aportando el material e incluso los propios habitantes de la aldeas crearon colectas para poder fabricar las luces. A pesar de que sigue haciendo falta ayuda para el desarrollo de Foroba Yelen y para su divulgación, de la que se ocupa la asociación local ADM, cada vez brilla más luz cuando cae la noche en Mali.

La iniciativa ha obtenido una mención especial en City to City de FAD, el proyecto que premia las ideas que hacen mejores a las ciudades del mundo.

Enlace: http://www.yorokobu.es/se-hizo-la-luz-en-mali/

Paramnesia

Por Jesús

Publicado: La mente es maravillosa.

Si habéis leído con atención el título probablemente no os suene de nada pero, si os dijera el nombre francófono con el que habitualmente es conocido seguro que tendríais una extraña sensación de familiaridad: hablamos del déjà vu. Este fenómeno ocurre cuando sentimos que algo ya lo hemos vivido, es un término general que abarca experiencias parecidas como son el ya vivido, el ya sentido y el ya visto. Se han realizado diversas encuestas y aproximadamente el 60% de los sujetos confesaba haberlo sentido alguna vez. Hay muchos estudios científicos y varias teorías que intentan explicarlo, pero os voy a contar los dos que más me han llamado la atención y que son de los más aceptados.

La primera es la hipótesis del holograma, según la cual el cerebro podría crear reconstrucciones mentales en base a nuestros propios conocimientos adquiridos de libros, películas o experiencias. Cualquier elemento de un recuerdo podría desencadenar la fabricación de uno de estos hologramas, por más insignificante que pudiera parecer: un color, un olor o una forma. Aceptaríamos pues la idea de que todo participa de todo, al menos en nuestro cerebro. Con estos hologramas podríamos tener ideas mentales sobre cosas que no habríamos visto jamás. Otras teorías, sin embargo, apuntan hacia las disfunciones del cerebro debidas (por ejemplo, hay muchas más) a la variación de la velocidad de envío de los mensajes neuronales a través de la sinapsis, lo que generaría unos desordenes repentinos de memoria provocando el déjà vu.

Por último os voy a contar otra teoría que me ha llamado la atención. Trataremos aquí de interpretar el déjà vu como la memoria de los sueños. Los sueños intervienen en la memoria a largo plazo, mientras que los acontecimientos actuales actúan con la memoria corta. Los sueños, salvo circunstancias concretas o que nos entrenemos para ello (que se puede hacer con esmero y dedicación) no se recuerdan. Quizás por la mañana atisbemos a recordar brevemente el último sueño, especialmente si nos hemos despertado de golpe, pero por lo general, los sueños se olvidan. Sin embargo, estas experiencias ganadas mientras soñamos no caen en el olvido para todos: no para nuestro subconsciente. Nuestros sueños permanecen allí, y el déjà vu ocurriría cuando debido a una actividad cerebral súbita conseguiría arrancar cierta información y dárnosla, obteniendo esa sensación tan característica del déjà vu..

Enlace: http://lamenteesmaravillosa.com/dejavu/

El hombre que quiso comprar el mundo

Desde el Blog Salmón.

El mundo

Hubo un hombre que quiso comprar el mundo, se llamaba Jonathan Holden, era abogado en Nueva York y le iba bastante bien en la vida, aunque también era un tanto tacaño. Aparentemente decidió que algún día sería el dueño del mundo y para ello utilizaría su fortuna, su universidad, el interés compuesto y a sus descendientes, que serían los que de verdad controlarían el cotarro, puesto que el no llegaría a verlo, porque el plazo que se dio era de mucho tiempo, en concreto mil años.

En 1936 Jonathan Holden dividió 2,8 millones de dólares en varios fideicomisos que durarían entre quinientos y mil años. Entre ellos uno para la Iglesia Unitaria de quinientos años, otro para el Estado de Pensilvania de mil años (por lo que no necesitaría cobrar impuestos) y otro para su universidad (Hartwick College) que duraría mil años. Este último estaría supervisado por sus hijos y en el futuro por sus descendientes. Además dado que Holden era un apellido normal, se lo cambió por Holdeen para que dentro de mil años fuera más fácil distinguir a sus descendientes, aquellos que formarían la élite que gobernaría el mundo.

 

Porque la herramienta del interés compuesto hace que un capital crezca a un ritmo exponencial, una progresión geométrica en vez de aritmética. Al 10% nuestra inversión de 100 interés simple el primer año es de 110, el segundo de 120, etc. En cambio con el interés compuesto se convierte en 110 el primer año, 121 el segundo, 133,1 el tercero, etc. Un editor de El Blog Salmón toma su seudónimo de aquí por la importancia que tiene y por las múltiples posibilidades que ofrece.

Así que Jonathan Holden (o Holdeen) tenía previsto que dentro de mil años sus descendientes tuvieran la capacidad de controlar el mundo a través de este fideicomiso. Al cabo de mil años su dinastía poseería toas las propiedades del mundo, controlarían todas las empresas, todas las tierras. No importaría que compraras, porque se lo comprarías a los Holdeen, no importaría en que trabajaras, porque trabajarías para los Holdeen. ¿Se trataba de una gran amenaza para la humanidad esta fortuna creciendo exponencialmente? Eso creía un economista a la muerte de Holdeen, en 1977.

La idea de Holdeen no era nueva, Benjamin Franklin dejó 1.000 libras a las ciudades de Nueva Jersey y Filadelfia a su muerte en 1790 para que prestaran dinero a los jóvenes que lo necesitaran para aprender una profesión. Este dinero se había invertido a interés compuesto durante 100 años, en 1890 se utilizó parte por parte de las ciudades y el resto se volvió a invertir durante 100 años. En 1990 se utilizó para construir el Franklin Institute en Filadelfia y el Bejamin Franklin Institute of Technology en Boston. Con el dinero aportado no fue suficiente, pero uno de los padres de la patria le había dejado dos buenos regalos a dos ciudades.

También había inspirado a Holden, que no tenía tan buenas intenciones Porque las posibles consecuencias perversas ya habían sido exploradas por H.G. Wells en su novela The Sleeper Awakes y adapatada al cine por Woody Allen en El Dormilón, en la que un inglés cae en coma por medicinas para el insomnio y al despertar doscientos tres años más tarde descubre que con su fortuna se financia una dictadura gobernada por los descendientes.

Además en el siglo XIX un millonario quiso dejar una fortuna a interés compuesto en un fideicomiso para ser disfrutada por sus descendientes una vez hubiera muerto el último de los que estaban vivos en este momento. Eso llegó a preocupar al parlamento al que no le gustaba la idea de que unos pocos multimillonarios pudieran llegar a tomar control comprando asientos en el parlamento.

Holdeen no era tan innovador como pudiéramos pensar en un principio, pero ¿qué sucederá cuando se cumplan los mil años de su inversión? ¿Será necesario que todos nos pleguemos ante los designios de los Holdeen? ¿Serán nuestros descendientes esclavos de los sueños de un excéntrico que vivió diez años antes?

Lo primero es lo poco práctico que sería gobernar una fortuna de ese tamaño. Además cuando los Holdeen controlaran una fortuna suficientemente grande tal vez la gente quisiera dejar de vender y comprar con ellos porque empezaban a verlos demasiado poderosos. Actualmente para que nos hagamos una idea Warren Buffet tiene problemas para encontrar empresas que comprar y que sean interesantes para ese conglomerado que se ha convertido Berkshire Hathaway. A los Holdeen les resultaría imposible gestionar esa fortuna, por no hablar de simplemente las diferencias que podría haber entre las diferentes facciones de la familia.

En segundo lugar, tenemos la mentalidad a corto plazo humana, muy lejos de la de Jonatahn Holden. Sus hijos nunca llegaron a cambiarse el apellido de Holden a Holdeen, por lo que muestra la falta de interés en las excentricidades de su padre. Además, hay quien cuenta que la universidad a la que donó el dinero en vez de invertirlo lo empleó en algún gasto corriente o tal vez un equipamiento para la universidad.

Además actualmente el fideicomiso establecido por Holdeen no está acumulando dinero a interés compuesto, sino que la universidad utiliza los intereses generados cada año para sus gastos. Si nos preocupa el mundo dentro de casi mil años, por esto parece que podemos respirar tranquilos. Lo interesante es que la universidad hoy en día no reconoce el regalo, sino que utiliza los intereses para sus gastos corrientes. No existen ningún edificio o cualquier otro reconocimiento hacia el hombre que quiso regalarle el mundo a su alma mater.

Enlace:

http://www.elblogsalmon.com/curiosidades/el-hombre-que-quiso-comprar-el-mundo

Se necesitan clientes…

Neuromarketing y Neuropolítica. Cómo el cerebro toma las decisiones.

Recorriendo los procesos neurológicos que intervienen en la toma de una decisión, descubrimos que pese a que nos gusta pensar lo contrario, nuestras decisiones son en gran medida irracionales y están siendo manipuladas por una serie de factores que apelan a recompensar ciertas áreas de nuestro cerebro para acallar otras y tomar control de nuestro centro de mando.

Pensamos que nuestra decisión de otorgarle un voto un candidato en una elección política es el resultado de un proceso razonado, minucioso, en el que sopesamos una serie de factores –propuestas, personalidad, proficiencia, etc.—para llegar a una conclusión que admite un riguroso escrutinio intelectual. Solamente las personas radicales o ignorantes toman decisiones irracionales, víctimas de la manipulación emocional. Y, claro, nosotros no somos esas personas, nosotros ejercemos control de nuestro cerebro, somos conscientes de las estratagemas de los medios de comunicación, las agencias de marketing y la propaganda política. Esto es lo que creemos, justamente porque el diseño de nuestro cerebro nos recompensa cuando logramos encontrar evidencia de nuestros razonamientos; que lo que creemos sea “verdad”, en el cerebro, no tiene precio y en comparación con recibir los neurotransmisores de placer que surgen de esta supuesta congruencia entre el mundo interno y el mundo externo se diluye el argumento de un posible autoengaño.

Tomar una decisión es un fenómeno altamente complejo, en el que intervienen numerosas áreas del cerebro, muchas de las cuales se oponen entre sí. Históricamente consideramos que la razón es la función cerebral más valiosa y efectiva, especialmente en lo que concierne a tomar una decisión: el frío y preciso análisis de la información y sus variables. Heredamos de Platón la idea de que debemos de regular nuestras emociones –esos caballos desbocados—y aplicar el mesurado rigor de la razón –el calculador auriga que no compromete su visión ante los forcejeos de la pasión. En apariencia incluso la neurociencia parece confirmar esta preponderancia de la razón: la corteza frontal cerebral, el asiento de la razón y el pensamiento analítico, es un rasgo distintivo entre el cerebro humano y el cerebro de otros animales, la punta de lanza de la evolución dirían algunos. Sin embargo, como diría Pascal, “el corazón tiene razones que la razón no conoce”. Como veremos, las emociones, aparentemente más primitivas, en muchos casos detentan una potestad sobre la razón no sólo en su influencia en la toma de una decisión sino también en su capacidad de penetrar, por así decirlo, “el corazón” de un fenómeno.

En su libro “How We Decide”, Jonah Lehrer, explora el fascinante proceso cerebral que supone tomar una decisión. Desde escoger a qué receptor lanzar el ovoide cuando quedan pocos segundos en el reloj en el Superbowl, decidir qué hacer cuando un avión está al borde de estrellarse, definirse por un cereal en el pasillo de un supermercado inundado de coloridas opciones o decantarse por un candidato para la presidencia de un país, en todas estas decisiones intervienen una polifonía de regiones cerebrales que luchan por apoderarse, momentáneamente, de la cabina de piloto –como si trabajaran para su propia agencia (o al menos su propio efímero placer).

Neuropolítica: la mente es su propio partido

Veamos primero una serie de estudios electorales que revelan el trasfondo mental que motiva un voto. Los electores con una afiliación política marcada difícilmente cambian de opinión, saben lo que creen. Entre 500 electores con una fuerte afiliación partidista a los que se les intentó persuadir en Estados Unidos en 1976 sólo 16 cambiaron de opinión y votaron por el otro partido. Otro estudio registró el comportamiento electoral de votantes entre 1965 y 1982, midiendo el flujo de oscilación en la afiliación entre uno u otro partido. Aunque fue una época muy tumultuosa en la política estadounidense, sólo el 10% de las personas que se identificaron como republicanos en 1965 dieron su voto a los demócratas en 1980.

Lo interesante es dilucidar el por qué de esta persistencia partisana. El psicólogo de la Universidad de Emory, Drew Westen, realizó un estudio con resonancias magnéticas en la elección del 2004 en Estados Unidos en el que mostró a los votantes declaraciones contradictorias de cada candidato, George W. Bush y John Kerry. Bush aparecía alabando la labor de los soldados en Irak y prometía servicios de salud gratuitos para los veteranos y luego se le informaba al sujeto del experimento que ese mismo día había suspendido el beneficio médico a 164 mil veteranos. Kerry caía en flagrantes contradicciones sobre su posición sobre la guerra de Irak, votando a favor como senador y luego dando a entender una posición radicalmente opuesta en la retórica de su campaña. Los sujetos del experimento tenían que evaluar el nivel de contradicción de los dos candidatos en una escala del 1-4. No debería de sorprendernos saber que los demócratas consistentemente consideraron las contradicciones de Bush lo más alto en la escala (las de Kerry les parecieron poco preocupantes). Los republicanos disculparon las contradicciones de Bush pero hallaron intolerables los deslices de Kerry.

Midiendo las zonas cerebrales que se activaban mientras los sujetos escuchaban las declaraciones de los candidatos, Wester descubrió que al ser expuestos a las contradicciones de su candidato preferido, los fieles partisanos empleaban áreas del cerebro relacionadas con el control de las emociones, como la corteza frontal. Pero los sujetos no estaban analizando calmadamente los hechos, estaban usando la razón para preservar la certidumbre de su preferencia política. Y una vez que lograban una interpretación favorable de la evidencia, sin importar las contradicciones, se encendían los circuitos de recompensa y experimentaban descargas de apacible emoción. “Esencialmente, parece que los partisanos alteran el caleidoscopio cognitivo hasta que logran arribar a la conclusión que desean, y son masivamente reforzados con una eliminación de estado negativos emocionales y con la activación de estados positivos”, concluye Westen.

Reforcemos esto con otro estudio, el científico político de Princeton, Larry Bartels, realizó una investigación en la década de los 90 que apunta en la misma dirección. Durante la presidencia de Bill Clinton, el déficit del presupuesto disminuyó en más del 90%; sin embargo, cuando se le preguntó a electores republicanos en 1996 que había sucedido con el presupuesto en la presidencia de Clinton, más del 55% dijeron que el déficit se había incrementado. Lo interesante es que los republicanos dentro del grupo de los “muy informados” –que ven las noticias por cable, leen el diario y pueden identificar a sus congresistas—no respondieron con mayor precisión que los “poco informados”. Bartels infiere que saber más de política no borra los sesgos partidistas y los electores solo asimilan datos que confirman lo que ya creen. Si la información no se ajusta a su visión política de la realidad, entonces es convenientemente ignorada.

La naturaleza de nuestro cerebro hace que sólo escuchemos lo que queremos, lo demás nos parece ruido. Literalmente, como sugiere un estudio realizado por el psicólogo Timothy Brock y Balloun. Brock y Balloun sometieron a un grupo de fieles cristianos y a un grupo de ateos a un mensaje radiofónico en el que se atacaban la enseñanzas de la Iglesia; para hacerlo más interesante, añadieron una molesta estática a la grabación –un poco de ruido blanco. El escucha podía reducir la estática simplemente apretando un botón para aclarar el contenido del mensaje. Los no-creyentes siempre intentaban reducir la estática para escuchar bien el mensaje; los creyentes en cambio preferían el mensaje tal cual, con una dosis de ruido que lo hacía más difícil de oír. Dice Jonah Lehrer “Todos silenciamos la disonancia cognitiva a través de la ignorancia autoimpuesta”.

Este tipo de mecanismo de defensa para salvaguardar nuestra estructura cognitiva –para no ponerla a prueba—no sólo afecta a personas que se mueven en los extremos de la política y la religión. Las personas que supuestamente deberían de saber separar el ruido de la señal, expertos y especialistas entrenados para evaluar las evidencias y con mplios marcos referenciales para sopesar diversos elementos dentro de una proceso cognitivo, también son sujetos a la distorsión de sus prejuicios, “a la prisión de los preconceptos”. El profesor de la Universidad de California en Berkeley, Phillip Tetlock inició un proceso de investigación en 1984 estudiando las predicciones de expertos políticos –los llamados “pundits”— de facciones opuestas (los “doves” y los “hawks”). Años después, al revisar el material que recavo, Tetlock concluyó que ambos se equivocaron consistentemente en sus predicciones. Los “doves” predijeron que la actitud beligerante Reagan provocaría una escalada de alta tensión diplomática, incluso un punto de quiebre; lo opuesto ocurrió: Gorbachev llegó al poder y con él la transformación del glasnost. Los “hawks”, incluso con la llegada de Gorbachev, predijeron que el “imperio maligno” soviético seguía en acción y nunca imaginaron que sus reformas eran sinceras.

El pésimo performance de los expertos inspiró a Tetlock a ampliar su estudio. Seleccionó a 284 expertos que se ganaban la vida comentando en temas políticos y financieros y les preguntó sobre sus predicciones a futuro en temas cómo “¿Será reelegido George Bush?”, “¿Se separará Quebec de Canadá?”, “¿Reventará la burbuja del dotcom?”. Tetlock midió 82, 361 predicciones y determinó que el desempeño de los expertos fue inferior al mero azar. Es decir, un chimpancé apretando un botón habría superado a la mayoría de los especialistas.

Analizando sus datos, Tetlock formuló la hipótesis de que la certidumbre era un poderosa debilidad en el caso de los expertos –aquellos considerados como las más eminentes probaron ser los que más se equivocaron. “Cuando los expertos estaban convencidos de estar en lo correcto, ignoraron otras partes del cerebro que sugerían que podían estar equivocados”, dice Lehrer en su comentario a este estudio. Los verdaderos expertos son aquellos que no desechan datos disonantes, los incorporan a su proceso cognitivo, son capaces de aceptar y aprender de sus errores en tiempo real. La certidumbre nos permite actuar con celeridad y confianza –algo que puede ser muy útil cuando nos estamos defendiendo de una depredador o nos queremos acercar a una mujer o a un hombre que nos atrae sexualmente– pero cuando se trata de una decisión compleja en la que intervienen factores contradictorios nos impide discernir con claridad entre aquello que queremos que suceda y entre aquello que va a suceder.

Regresemos al proceso de elegir –esa discusión electroquímica entre la mente y la mente. Antoine Bechara, un neurocientífico de la Universidad del Sur de California, compara, explica Lehrer, ”esta frenética competencia neural con la selección natural, con las emociones más fuertes (‘¡realmente quiero Honey Nut Cherrios!’) y los pensamientos más convincentes (“debería de comer más fibra”) ganando terreno sobre los más débiles (‘me gusta el personaje de caricatura en la caja de los Fruit Loops’). El ensamble de neuronas que logre apuntalarse determinará lo que desayunes. “El punto es que la mayoría de la computación se hace a un nivel emocional, inconsciente y no a un nivel lógico”, dice Bechara.

Estudios muestran que cuand una persona es expuesta a un producto se enciende su núcleo accumbens, una región cerebral asociada con el placer y la recompensa que genera descargas de dopamina –el nivel de activación de esta zona corresponde al nivel de deseo que se tiene por un objeto. Cuando una persona observa un producto que desea esta zona predomina, exceptuando que ocurra un contrargumento. Por ejemplo, el producto que desea es muy caro o se le avisa que es muy malo para la salud, entonces puede entrar en juego la ínsula, parte del cerebro racional. Midiendo la cantidad de activación de estas dos zonas, científicos han logrado predecir el comportamiento de un posible comprador –sabiendo antes que el mismo consumidor qué producto van a adquirir. Las tiendas deliberadamente manipulan nuestro cerebro excitando primero nuestro núcleo accumbens, por ejemplo, exponiéndonos a relumbrantes artículos de lujo en los pasillos preferenciales o a ricos y gratuitos bocadillos para que una vez que lleguemos a lo que estábamos buscando nuestro cerebro ya esté inundado de hormonas de recompensa. Esto es complementado truqueando a nuestra ínsula a mantenerse fuera de la escena diciéndonos que un producto tiene un descuento o que es un precio especial de temporada o que se le acaba de añadir un tanto por ciento más sin un cargo extra –esto la relaja e impide su tiránico reprendimiento.

México 2012: El neuromarketing de un candidato (un producto de consumo político)

¿Qué tiene que ver esto con la política y la decisión de votar? Para quienes no ha quedado evidenciado hasta aquí, quizás sea acertado enfatizar en las similitudes entre el marketing tradicional, el de un mercado, y el de una elección. Noam Chomsky reiteradamente hace hincapié en cómo las elecciones en Estados Unidos son en realidad batallas de agencias de relaciones públicas, en las que el candidato es el producto y, como sucedió entre Wal Mart y las tiendas locales que ha desplazado en todo el mundo, aquel que tiene mayor presupuesto generalmente gana (el Center for Responsive Politics tiene estadísticas que señalan que 9 de 10 veces el candidato con mayores fondos gana la elección). Es altamente significativo que la campaña de Obama en el 2008 incluso ganó el premio a la mejor campaña de publicidad, el “Advertising Age’s marketer of the year for 2008”.

En México los ciudadanos están a unos días de hacer una decisión de relevancia histórica. Algunos se sorprenden, por ejemplo, de cómo es posible que un candidato como Enrique Peña Nieto pueda encabezar las encuestas cuando supuestamente un riguroso proceso racional indica que representa a la vieja guardia del poder (el PRI) corrupto que por décadas ha sumido al país en un lacerante abismo de desigualdad. ¿Cómo es que se puede olvidar tan fácilmente setenta años de una especie de dictadura encubierta? Quizás las compraciones son excesivas, pero en la redes sociales se preguntan, ¿votarían los chilenos por Pinochet otra vez?

La casi increíble popularidad de Peña Nieto –a la par del encono qu genera—tiene que ser entendida desde la perspectiva del marketing emocional que lo propulsa. No es casualidad que su apariencia sea la de un galán de telenovela, que cuente con el aparato mediático de la gran televisora nacional (que incluso esté casado con una de sus actrices) y que sea manejado por un copioso equipo de marketing. Peña Nieto es como ese producto en el supermercado que activa el núcleo accumbens de millones de personas (uno dirá que “ciertamente no el mío” o que “yo sí me doy cuenta de la simulación, la ignorancia y la corrupción que significa”, pero no se puede negar que muchos mexicanos estarán recibiendo recompensas de dopamina al observarlo y preferirlo). Poco importa el contenido de su mensaje o del mensaje de los expertos y la oposición –ya hemos visto que al inundarse las zona de placer cerebro, la parte racional pasa a segundo término o que cuando se nos expone a un argumento que contradice nuestra creencia, la razón interviene para desechar rápidamente esa versión contradictoria y afirmarse, aunque sea con un acto profundamente “irracional”. En este sentido, podemos sentir cierta impotencia argumentativa, y toda la información que se apila, en apariencia contundente, señalando que lo único que se renueva en el PRI es su capacidad de incurrir en prácticas fraudulentas o que existe una clara colusión entre su candidatura y la empresa que monopoliza la televisión en el país, todo esto palidece ante el poder bruto de la imagen que apela a centros de recompensa en nuestro cerebro (o en el caso de algunos electores, a recompensas directamente en sus bolsillos).

Podría sonar paradójico, pero quienes buscan cambiar el resultado de la elección presidencial quizás deberían de recurrir más a las emoción que a los argumentos racionales. Aquella emoción que en el 2006 contribuyó a la derrota de Andrés Manuel López Obrador (más allá del probable fraude que padeció), con la llamada guerra sucia, en la que se le vinculó, un tanto irracionalmente y apelando a mecanismos inconscientes, con personajes dictatoriales y supuestamente peligrosos para la estabilidad de un país. Después de lo expuesto aquí podría parecer contradictorio, pero es que el cerebro en su complejidad tiene que admitir contradicciones para potenciar su funcionamiento, decir que es el cerebro emocional el que mayor capacidad tiene para tomar una decisión. Aclaremos que no es la emoción irrefrenable– el caballo salvaje– solamente la que tiene esta facultad, sino aquella que brota de la razón -para trascenderla– y que conserva el análisis sin perder los bríos que nacen de la la profundidad. Para algunos podría ser una sorpresa pero es el cerebro límbico, asociado con las emociones, el que puede manejar una mayor cantidad de información, más que la razón encumbrada en la corteza frontal.

El cerebro emocional vs el cerebro racional

El psicólogo holandés Ap Dijksterhuis descubrió que cuando se trata de decisiones complejas las emociones conocen razones que exceden las facultades de la razón. En un experimento se evaluó una serie de autos conforme a un conjunto de variables para determinar cuáles eran los mejores autos para un consumidor. Luego se les informó a un grupo de personas sobre las cualidades de cada auto (evidentemente sin decirles cuales eran los mejores evaluados). Posteriormente se les pidió que eligieran cuál era auto ideal para realizar una compra. Dijksterhuis descubrió que las personas que tuvieron tiempo para pensar de manera racional –cuidadosamente contemplar los datos duros y sopesar cada alternativa—escogieron el auto ideal menos del 25% de las veces –una menor efectividad que una selección aleatoria. En cambio, personas que recibieron la información pero que luego se les distrajo realizando otra actividad –“aquellos que fueron forzados a decidir con sus emociones”, explica Lehrer—eligieron el mejor auto un 60% de las veces. Otro estudio similar en el que expertos evaluaron las mejores mermeladas del mercado demostró que cuando a un grupo de sujetos experimentales se les pidió de botepronto que evaluaran las mismas mermeladas según su calidad, estos realizaron una evaluación a la par de los expertos, pero cuando se les pidió que realizaran esta evaluación pero explicando por qué habían hecho tales elecciones su evaluación fue completamente distinta, sin lograr ajustarse al canon de la calidad de estos productos. Otro caso sobresaliente en este sentido es el del físico y jugador de poker profesional Michael Binger, quien sólo empezó a ganar cientos de miles de dólares cuando descubrió que saber contar las cartas no era suficiente para llevarse una mano de este deporte mental, que a veces había dejar de considerar las probabilidades matemáticas para apostarle a lo que sientes. “Como físico, es difícil admitir que simplemente no pueden razonar tu camino hacia una partida ganadora. Pero esa es la realidad del poker. No puedes construir un modelo perfecto para él. Esta basado en una aparentemente infinita cantidad de información. En ese sentido, el poker es cómo la vida reaLehrer incluye otros estudios en su libro “How We Decide” que parecen indicar que cuando existe mucha información el cerebro racional entra en una especie de estado de pánico y no logra manejar los datos. El cerebro emocional, en cambio, al hacer uso de la mente subconsciente, que integra una mayor cantidad de información, resuelve con mayor soltura ante tal complejidad. A los indecisos, Ap Dijksterhuis recomienda: “Usa tu mente consciente para adquirir toda la información que necesitas para tomar una decisión. Pero no trates de analizar la información con tu mente consciente. Mejor toma un descanso mientras tu mente inconsciente la digiere. Lo que sea que tu intuición entonces te diga seguramente será la mejor elección”. Y Jonah Lehrer agrega, “las decisiones más difíciles son las que requieren de más sentimiento”.

Tal vez esta exploración de los procesos neurológicos que intervienen en la toma de una decisión tenga una aplicación práctica, quizás pueda ayudar a los indecisos a elegir a un candidato de una manera un tanto más consciente –aunque ser verdaderamente conscientes muchas veces veces significa dar rienda suelta a nuestra mente subconsciente. O tal vez a entender, entre la posible frustración, porque una persona elige lo que elige, cuando esto nos parece totalmente irracional. Sobre todo a darnos cuenta de que nosotros mismos, aunque nos gusta autoexcluirnos de las masas pastoreadas de las sociedad de consumo, constantemente tomamos decisiones en las que nuestro cerebro es manipulado por una serie de factores externos e internos (y es que somos muchos dentro de uno). Tal vez a aprender a sentir al menos tanto como a pensar. Porque empezamos a sospechar que la tajante división del racionalismo, esa dualidad cartesiana entre el cuerpo y la mente, es solo una ilusión.

http://pijamasurf.com/2012/06/la-neurociencia-del-voto-lo-irracional-de-una-eleccion/