La nueva ciencia de la neuroeconomía: visión general de una disciplina incipiente…

Desde que, como psiquiatras, descubriéramos e investigáramos la importancia de la neurociencia y sus aplicaciones en todas sus ramas diversas, todo aquello que se relate a la función del cerebro y a sus dinamismos nos atrae como si fuese el epónimo del magnetismo animal  que hiciera a Franz Mesmer amargamente conocido.

Cerebro de H. economicus

El propósito de este artículo es introducir una nueva disciplina científica en estado naciente: La neuroeconomía.

La neuroeconomía, de existir como ciencia, sería disciplina de relevancia mayor para todos en un período de nuestra historia cuando el colapso de los bancos producto de la venalidad de los políticos, economistas, sus abogados y los banqueros — se han vuelto circunstancia común.

Definición

De acuerdo a Wikipedia Español, la neuroeconomía puede ser descrita de la manera siguiente:

“La neuroeconomía es la combinación de la neurociencia, la economía y la psicología para estudiar el proceso de elección de los individuos. Analiza el papel del cerebro cuando los individuos evalúan deci­siones, y categorizan los riesgos y las recompensas y cómo interactúan entre ellos.

“La economía estudia las elecciones y las decisiones, en amplias áreas tales como la macroeconomía para grandes grupos y la microeconomía para los individuos. La neuroeconomía es la rama que se centra en las elecciones personales y en los cambios mentales-cerebrales que son las de­cisiones.”

Antes de continuar, concedemos que la definición de Wikipedia carece de elegancia y de armonía. Pero, si no la juzgamos por su escabrosidad, nos facilita de algún modo avanzar el propósito de esta tesis.

Prosigamos

Entonces, cuando la neuroeconomía entra en acción, ésta aplica y amplía los métodos utilizados por ciencias del campo del comportamiento, ya conocidas, para determinar cómo evaluamos nuestras decisiones, categorizamos los riesgos, estimamos recompensas finales, y analizamos del modo cómo los factores involucrados en el proceso interactúan entre sí — Una tarea de proporciones tan gigantescas como ambiciosas.

La neuroeconomía y la neurociencia

La neurociencia estudia el sistema nervioso, en áreas muy amplias como son las percepciones de los sentidos, los movimientos del cuerpo, y la regulación funcional interna. Mientras que la neuroeconomía es el subconjunto de disciplinas derivadas de esta ciencia que hacen de su enfoque los conceptos de las capacidades de elección personal, los de formular decisiones acertadas, y de qué manera éstas se expresan utilizando nuestras neuronas y nuestros sistemas neurales.

La neurociencia, de acuerdo a Wikipedia Español se define como sigue:

“La neurociencia estudia la estructura y la función químicafarmacología, y patología del sistema nervioso y de cómo los diferentes elementos del sistema nervioso interactúan y dan origen a la conducta.

“El estudio biológico del cerebro es un área multidisciplinar que abarca muchos niveles de estudio, desde el puramente molecular hasta el específicamente conductual y cognitivo, pasando por el nivel celular (neuronas individuales), los ensambles y redes pequeñas de neuronas (como las columnas corticales) y los ensambles grandes (como los propios de la percepción visual) incluyendo sistemas como la corteza cerebral o el cerebelo, y, por supuesto, el nivel más alto del Sistema Nervioso.”

 

La falta de elegancia y precisión, a que antes nos refiriéramos, se reitera en esta última definición que Wikipedia nos facilita…

Decisiones… decisiones…

Continuemos

La neuroeconomía y la ciencia económica

La ciencia de la Economía, fue fundada por el ciudadano escocés Adam Smith (1723-1790), famoso por la publicación de su obra clásica: An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations (Ensayo sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones). Como ciencia, la economía, hasta ahora ha sido relegada por muchos a la condición de ser una disciplina marginal porque, hasta muy recientemente, ha carecido de métodos científicos para desempeñar sus actividades, mientras que alberga conceptos místicos como el de la “mano invisible”  de que Smith hablara, para apuntalar sus fundamentos.

En sus ámbitos de acción e interés, la economía estudia decisiones y opciones, expandiendo su alcance en áreas definidas como son la macroeconomía para grupos mayores y la microeconomía para los individuos — como ya hemos dicho.

Como pauta científica, entonces, la neuroeconomía es el subconjunto de disciplinas que enfoca en las decisiones personales y en los cambios mentales que se asocian con las mismas decisiones y que aún puede que asimismo las ocasionen. Un entendimiento clave para concebir esta ciencia, es recordar que el substrato biológico de un organismo vivo puede ser entendido como mecanismo implementador y optimizador para facilitar adaptaciones a ese módulo universal de supervivencia/reproducción que nos gobierna a todos.

La neuroeconomía y su aplicación a la investigación del dinamismo de los negocios

La neuroeconomía igualmente incorpora otras sub-disciplinas que se aplican a la investigación y al análisis de los negocios. Entre éstas contamos: la neurociencia del consumidor, la neurofinanza, y la rama que estudia la toma de decisiones organizacionales.

La neuroeconomía y la psicología

La psicología estudia el pensamiento y analiza las percepciones, dentro de áreas amplias, como son el lenguaje, la cognición, la memoria, el comportamiento de grupo y la psicología anormal. La neuroeconomía, por su parte, es el subgrupo que analiza los procesos mentales que interactúan cuando cavilamos, especialmente cuando estudiamos opciones y hacemos decisiones basadas en las mismas. Ambas disciplinas, hoy laboran a la par.

La neuroeconomía y sus hallazgos tienden a confirmar que ciertas emociones (entre ellas la expectación esperanzada y el miedo) son importantes factores que participan en muchas decisiones económicas.

Los experimentos de las ciencias económicas conductistas

La evaluación de experimentos controlados tradicionalmente ha formado la piedra angular de la neuroeconomía.

En un experimento típico de economía conductista, a un sujeto se le pide que haga una serie de decisiones monetarias. Por ejemplo, se le pregunta qué prefiere: si tener 45 centavos, o una hacer apuesta con un chance de un 50% de ganar un dólar y otro de un 50% de perderlo todo. El experimentador mide las variables operacionales para determinar qué actividades tienen lugar en la mente del voluntario, mientras hace su decisión.

Consulta neuroeconómica

Este tipo de experimento le ganó el Premio Nobel de Economía a Daniel Kahneman en el año 2002.

Por su parte, el modelo de la neuroeconomía extiende el método de la economía conductista, arriba descrito, añadiendo observaciones de las actividades del sistema nervioso —mientras lo hace — al conjunto de variables explicativas.

Los experimentos neuroeconómicos, ya más avanzados, se conducen por medio del uso de escáneres cerebrales usando instrumentos de resonancia magnética para comparar los roles de las diferentes partes del cerebro que contribuyen al proceso de hacer-decisiones (decision-making process).

Otros ensayos en uso, miden los resultados de la técnica conocida como ERPs (Event-Related Potentials, muy parecidos al EEG) y la de los magneto-encefalogramas (MEG) para determinar los derroteros temporales que toman los diferentes eventos cerebrales mientras contribuyen al proceso de tomar medidas económicas, basados en las actividades cerebrales involucradas.

Las tecnologías más avanzadas abarcan impresiones directas de las respuestas de neuronas y las concentraciones de neurotransmisores cerebrales en primates y en seres humanos.

Críticas de ésta nueva disciplina

La nueva ciencia no está absuelta de críticas bien argumentadas, porque, de sobra,  las merece.

Un antagonista de mucha distinción a esta disciplina es el economista hebreo Ariel Rubinstein, quien en un simposio mundial, en el 2005 se refirió a la ciencia neuroeconómica como “un campo que se vende a sí mismo en exceso, y sin razón para hacerlo“.

Mientras que otros, igualmente autoritativos en este campo, han argumentado que la metodología de la neuroeconomía solamente tiene respuestas para preguntas irrelevantes, porque proporciona las satisfacciones más hedonistas de los voluntarios experimentales en lugar de afincarse en las realidades impredecibles del mundo de la realidad.

En lo antedicho, estamos de acuerdo.

Pensando… pensando…

Ramificaciones

La neuroeconomía, como todo lo que respecta al cerebro, promete la posibilidad de contribuir de modo significativo al conocimiento científico en maneras, hasta ahora, insospechadas.

Promete, pero nada más…

Pero, a pesar de ello, muchos investigadores la consideran disciplina vital en la determinación de los factores que controlan la ciencia del mercadeo. Mientras que otros razonan que la neuroeconomía podría ser una fuente de instrumentos manipulativos utilizado por vendedores, y oportunistas, para influenciar las decisiones de compra y consumo.

Puede decirse que, hasta ahora, todavía muchos consideran la ciencia neuroeconómica como rama simple y circunstancial de nuestro conocimiento.

Ahora, hablaremos de cómo se intenta integrar esta nueva disciplina dentro del campo de las neurociencias, donde aspira a pertenecer

En el año1996 Joseph LeDoux profesor de neurociencia en la Universidad de New York publicó un libro, The Emotional Brain: the Mysterious Underpinnings of Emotional Life que fue de mucha influencia en establecer la disciplina que hoy se conoce como la neuroeconomía.

Hacia la conclusión de la década de los 1990s una generación de investigadores economistas y académicos; respondiendo a las declaraciones hechas por LeDoux y otros, acerca de los descubrimientos que resultaran de las aplicaciones de las técnicas del escáner de la resonancia magnética (MRI), descubrieron que ciertas áreas de la sustancia gris del encéfalo están asociadas con diferentes tipos de actividades emocionales durante el proceso de la toma de decisiones — la amígdala constituyendo el ejemplo más reconocido.

  

Neurocientíficos han demostrado que este racimo de neuronas en forma de almendra, localizado profundamente dentro de los lóbulos temporales centrales, juega un papel importante en las respuestas emocionales del individuo — especialmente en las del miedo.

Basados en éstas y otras premisas, estos nuevos neuroeconomistas pensaron que sería posible apartar el campo de la economía alejándola del ámbito acostumbrado del método racional — hecho borroso por los intereses propios — inclinado esencialmente a la obtención del máximo rendimiento monetario.

Entonces, en lugar de conjeturar acerca de los comportamientos del llamado H. economicus, ellos podrían observar en la actualidad lo que sucedía dentro de su cabeza.

La ciencia ajada, que hasta entonces existiera, ya comenzaba a alejarse de la economía conductista que la precediera. Desde los años 1980s los investigadores que laboraban en esta nueva amplificación de la disciplina habían comenzado a utilizar métodos derivados de la psicología para desarrollar modelos más realísticos para estudiar el proceso de la toma de decisiones, en medio del cual muchas personas, con frecuencia, se comportaban de modos a veces contrarios al propio interés.

Los investigadores pensaban que la neuroeconomía poseía el potencial de ir más lejos si se estudiaban los procesos neurales que, durante los comportamientos examinados, ocurrían en el cerebro.

La amígdala cerebral

éxitos tempranos obtenidos por algunos economistas utilizando nuevos métodos adaptados de la neurociencia, revelaron algunos defectos provenientes de los métodos que de antes aplicaran los economistas conductistas. Un ejemplo muy citado es el del “juego del ultimato”. En este último, un participante propone la división de una suma de dinero entre él y un segundo participante. El otro jugador debe de aceptar o rehusar una oferta. Si el otro la rehúsa, ninguno recibe un centavo.

De acuerdo a la estándar teoría económica, con tal de que el primer jugador le ofrezca cualquier suma de dinero al segundo, la oferta sería aceptada, porque el segundo participante siempre preferirá recibir algo a recibir nada. Sin embargo, en la situación experimental, los economistas conductistas, determinaron que el segundo jugador muy a menudo, rechazó ofertas bajas — tal vez, ellos sugieren — para castigar al primer jugador por ofrecer una división poco equitativa.

Los neuroeconomistas han hecho un esfuerzo para explicar este comportamiento — a todas luces irracional — por medio del uso de un método de resonancia magnética “activa”.

En este último método, mientras el sujeto yace tranquilo durante el procedimiento, se espera que conteste preguntas específicas acerca de temas relacionados a la transacción, mientras que la circulación cerebral se examina en detalle para determinar donde se concentra el flujo sanguíneo mientras que las decisiones se imaginan. Por medio de este proceso los investigadores determinaron que el rechazo de una baja oferta tendía a asociarse con niveles altos de actividad en el cuerpo estriado, una parte del cerebro que la neurociencia mantiene que está involucrada en los dinamismos de recompensa y castigo — especialmente, cuando se hacen decisiones. Suministrando, ellos creen, algún soporte a las teorías del comportamiento y a sus bases neurales.

Además del juego del ultimato, los neuroeconomistas han enfocado su interés en tales temas como son las razones por las que la gente confía en otras personas, el por qué se toman riesgos irracionales, la valuación relativa de beneficios a corto y a largo plazo, la razón por comportamientos altruistas y caritativos, y el papel que la mente juega en las adicciones. (Véanse mis publicaciones al respecto).

Muchos creen que la determinación de las descargas de dopamina, el neurotransmisor cerebral del placer, pueden ser indicadores de la actividad del proceder económico.

Escáner cerebral

También se cree que dos estados de actividad cerebral participan directamente en el proceso de la toma de decisiones: un estado frío de objetividad y otro caliente y emocional durante el cual la facultad de tomar medidas sensibles se esfuma. La interacción potencial entre esos estados son sujetos ideales de estudio para los neuroeconomistas.

Para muchos nuevos neuroeconomistas, la incorporación de las neurociencias en su disciplina flamante, puede resultar en la transformación de la economía tradicional proveyéndole a ésta con un entendimiento mejor, abarcando temas tan dispares, como son el efecto en el público de la propaganda y publicidad, hasta las decisiones de obreros de participar en huelgas.

Igualmente, se cree que la neuroeconomía puede aportar mucho a las neurociencias, por su introducción a la última de sus métodos de investigación.

Herbert Gintis, miembro de la facultad del Santa Fe Institute cree que los avances en las neurociencias resultarán en la integración final de todas las ciencias del comportamiento alrededor de un modelo común, basado en el estudio del cerebro y de cómo la gente hace decisiones.

Pero existen escépticos…

Los ataques más feroces contra la neuroeconomía y la economía conductista han venido de dos facultativos de la Universidad de Princeton, Faruk Gul y Wolfgang Pesendorfer.

 

Illustration by Otto

Reproducido con atribuciones de The Economist

En un artículo publicado en el año 2005, titulado The Case for Mindless Economics, ambos académicos argumentaron que la neurociencia no podría transformar el campo de la economía, porque lo que sucede en el cerebro es totalmente irrelevante a esa disciplina. Lo que importa, dicen ellos, son las decisiones que hacen las masas y no el proceso por el cual ellas transcurren para hacerlas.  Ellos, asimismo mantienen la posición de que entender cómo la sociedad se ajusta a las consecuencias de esas decisiones es lo que últimamente importa.

Para ellos los modelos existentes y sus aplicaciones, bastan para los fines de lugar.

Actualmente los neuroeconomistas no son los únicos científicos, considerados marginales, que han soñado con mirar con curiosidad dentro del cerebro. En el año 1881, un tiempo después de que William Jevons proclamara que las funciones del cerebro nunca podrían ser conocidas, Francis Edgeworth propuso la creación de un “hedonímetro“, que mediría la utilidad derivada por cada individuo de sus deci­siones.

Hasta el momento, la única razón por la cual los economistas en las etapas finales del siglo XIX y mucho del siglo XX pusieron la racional del individuo que se empecinaba exclusivamente en la idea de maximizar los beneficios propios en el centro de sus modelos no fue porque ellos no deseaban mirar en el cerebro, sino porque carecían de los métodos para lograrlo.

La economía se convirtió en una ciencia deductiva porque nadie poseía las tecnologías para hacerla inductiva. Ahora, por el uso de herramientas estadísticas más eficientes y el uso de los conocimientos adaptados del campo de la neurociencia, comienzan a abrirse las posibilidades de que la economía puede tornarse en una ciencia de naturaleza abductiva, una que combina los elementos del razonamiento inductivo y deductivo.

La pregunta de mayor interés es si las herramientas que la neurociencia proporciona le permitirán al campo de la economía satisfacer la visión de Edgeworth, o que por lo menos, que se arraigue en la realidad física del cerebro.

Las investigaciones en la primera década de la investigación neuroeconómica dependió casi exclusivamente en la actividad de los MRI escáner. El regocijo inicial que demostraban los neuroeconomistas en sus seminarios cuando proyectaban imágenes del cerebro iluminándose en respuesta a los diferentes experimentos, ha resultado en demostrar, tristemente, los límites de los escáneres, llegando a la convicción de que éstas son técnicas de muy poco valor como sabemos.

Un MRI estándar identifica actividades en un área muy extensa del encéfalo para poder suministrarnos más que correlaciones imprecisas e inespecíficas. De acuerdo a Kevin McCabe, un neuroeconomista a George Mason University, “el movimiento de la sangre es sólo una medida indirecta de lo que sucede en el cerebro — un instrumento boto…”

Illustration by Otto

Reproducido con atribuciones de The Economist

Progresivamente los neurocientíficos están explorando la manera de lograr respuestas más concretas analizando las neuronas individualmente, lo que sólo es posible usando técnicas invasivas, como sería la de insertar una aguja en el cerebro. Para los economistas, los riesgos envueltos pesan más que los beneficios.

Por ahora, todas las pruebas invasivas del cerebro se conducen en animales de laboratorio, los que, a pesar de poseer sistemas de incentivos basados en la dopamina, similares a los nuestros, carecen de la sofisticación y de la capacidad de hacer decisiones análogas a las nuestras.

Una técnica de introducción reciente que ha sido adoptada por algunos neuroeconomistas es la estimulación magnética transcraneal, en la cual una bobina puesta en la proximidad de la cabeza emite un pulso magnético de baja intensidad que perturba la actividad en una cierta parte del cerebro, para establecer si su acción cambia las preferencias individuales.

La técnica descrita tiene limitaciones profundas, ya que no puede lograr acceso a las partes profundas del cerebro donde residen las actividades más básicas en el sistema de recompensa. (Véanse mis artículos al respecto).

Todavía muchos, arraigados en el optimismo, creen que la ciencia de la neuroeconomía nos revelará sus mayores éxitos dentro de muy pocos años. Los que así piensan están convencidos de que un día llegará cuando la interacción entre las funciones del cerebro y el mundo que nos rodea podrán ser cuantificados de tal manera que podrán guiarnos en determinar la agenda pública.

De ser posible este prospecto, los científicos no pueden especificar aún cómo piensan lograrlo.

El éxito final de la neuroeconomía como ciencia no significa necesariamente que la economía conductista triunfará sobre una economía basada en la racionalidad.

Actualmente, muchos economistas conductistas permanecen extremadamente pesimistas del prospecto de que los estudios del cerebro resultarán en hallazgos de utilidad cierta.

A pesar de todo, Daniel Kahneman, cuyo nombre mencionáramos antes. Es un promotor entusiasta de la nueva disciplina.

En resumen

Las ciencias aplicadas de la psicología a los negocios y al mercadeo no han suministrado soluciones viables a un mundo perplejo for el fallo de sus instituciones bancarias y financieras.

Las ciencias económicas no han podido impedir que los economistas utilicen sus métodos empíricos para dilapidar el erario de nuestros pueblos, enriqueciéndose a sí mismos y a los políticos que los protegen.

Grandes empresas se aprovechan de los talleres que les montan firmas de consultantes que les prometen maximizar en su productividad y eficiencia, dejando detrás como estela de su presencia fugaz, clichés para que quienes los repitan se sientan conocedores, sin serlo.

Pero, hasta que nuevos acontecimientos lo justifiquen, la neuroeconomía, como disciplina, nos recuerda del seductivo encanto de las explanaciones basadas en las neurociencias ( 2008 Mar 20(3):470-7) y del famoso veredicto escocés: Not proven…

http://www.monografias.com/trabajos63/neuroeconomia/neuroeconomia2.shtml

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Publicado el 10/07/2012 en General. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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